Dos pianistas cubanos que han innovado el jazz latino: Omar Sosa y Roberto Fonseca

Dos pianistas cubanos que han innovado el jazz latino: Omar Sosa y Roberto Fonseca

Gregorio Montiel Cupello.- Cuba le ha dado al jazz internacional varios pianistas de primera, como Chucho Valdés (considerado uno de los cuatro mejores del mundo), Emiliano Salvador (1951-1992), Gonzalo Rubalcaba, Osmany Paredes, Ramón Valle, Iván “Melón” Lewis, Chuchito Valdés, Omar Sosa y Roberto Fonseca.

De esta lista quiero abordar en esta oportunidad a los dos últimos mencionados, que en el jazz cubano y el jazz latino vienen diciendo algo distinto, renovando y enriqueciendo el género, su lenguaje, sus características y dimensiones.

OMAR SOSA

Se trata de uno de los pianistas más interesantes, eclécticos y creativos que ha dado la mayor de las Antillas.

Su técnica se ha comparado con las de Thelonius Monk, Keith Jarrett, Chick Corea, George Duke y Eddie Palmieri.

Lo de Sosa tiene jazz y música cubana, pero también elementos del rap, de lo brasileño, de lo afroecuatoriano, de lo marroquí, del Africa en general y hasta de lo afrovenezolano. Esto gracias al percusionista venezolano Gustavo Ovalles, que ha trabajado con él en varias oportunidades (incluso en la actualidad) e introdujo en su música los quitiplás, el tambor redondo, los cumacos y los culo ´e puya.

Cualquiera de sus más de 32 discos se puede escoger con los ojos cerrados, todos son sinónimo de calidad, buen gusto, originalidad y buena música.

OS nació en Camagüey en 1965, donde primero estudió marimba y luego se cambió al piano, se preparó en la Escuela Nacional de Música y en el Instituto Superior de Arte, trabajó en la escena musical de su país con formaciones propias y como director de los grupos de Vicente Feliú y Xiomara Laugart hasta que en 1993 fijó residencia en Ecuador.

En la nación suramericana tuvo grupos de jazz como Entre Noz, laboró con orquestas sinfónicas, profusamente en el mundo de los jingles publicitarios y descubrió la riqueza musical de Esmeraldas, una región que es como el “Barlovento” ecuatoriano y en cuyas sonoridades la marimba juega un rol primordial.

“Tú escuchas la marimba esmeraldeña de Ecuador y escuchas la marimba de la costa del Pacífico de Colombia y escuchas la marimba de Tanzania, en Africa”, le comentó a CCN en Español.

A finales de 1995 vino otro cambio cuando se mudó a San Francisco, California, y desarrolló una destacada participación en la escena local del jazz latino, trabajando con los reputados percusionistas John Santos, Carlos “Patato” Valdés y Orestes Vilató, el baterista de Tower of Power Dave Garibaldi, el productor Greg Landau y la cantante venezolana María Fernanda Márquez, entre otros.

En Estados Unidos es cuando empiezan a salir los discos bajo su nombre, como el primerizo “Omar, Omar” (1996) o su excelente sexta grabación “Bembón” (2000), realizada en Ecuador y muy influenciada por la cultura afroecuatoriana de Esmeraldas y Chota.

En 1999 Sosa se muda a Barcelona, España,  y más recientemente a Menorca, lugares donde ha fijado “residencia” hasta el día de hoy cuando puede, porque desde entonces su agenda internacional de conciertos, giras y grabaciones se tornó vertiginosa y agotadora.

Su música está sumamente tocada por las raíces africanas, lo panafricano y la santería (siempre sale vestido de blanco en las fotos), lo que muy bien reflejan los títulos de algunos de sus discos: “Prietos” (2001), “Ayaguna” (2003), “Mulatos” (2004), “Afreecanos” (2008), “Eggun” (2013), “Ilé” (2015) y de muchas de sus piezas.

“Me siento africanista, que es diferente a ser africano. Yo soy cubano y Cuba es uno de los hijos prodigios de Africa, el otro es Brasil”, dijo en una ocasión en una entrevista con www.anapapaya.com

“Somos hijos de la misma madre, África, desperdigados por el mundo, pero mamá no tiene dinero para pagarnos el billete de vuelta a casa”, le apuntó a El País de España en otra oportunidad.

Y de ahí que por igual haya declarado: “Lo importante es mirar a África. No importa si somos negros, blancos, chinos o azules, porque si tú miras un poco más profundo, es uno de los continentes más viejos”.

Pero así como reconoce sus influencias, por ejemplo, de Thelonius Monk (al punto que un hijo suyo se llama Lonius), Oscar Peterson, Herbie Hancock o Irakere, también le da crédito a los aportes de Erik Satie, Béla Bartók y Frédéric Chopin.

Por eso en sus bandas han convergido músicos cubanos, puertorriqueños, dominicanos, ecuatorianos, brasileños, venezolanos, estadounidenses, italianos, españoles, franceses, alemanes, marroquíes, benineses, senegaleses, mozambiqueños o de la India.

Todo lo que explica de dónde y por dónde es que viene la música de este inquieto y singular creador para quien “el piano es una batería de 88 teclas”…

ROBERTO FONSECA

“Abuc” (Cuba al revés) es como se llama el todavía más reciente disco (2016) de este otro pianista cubano con cosas nuevas que decir y tocar.

En “Abuc” nos encontramos una guajira cubana postmoderna con efectos sonoros especiales y reminiscencias orientales, una elegante, épica y sentida contradanza sinfónica que es como música de película; una hermosa habanera con cantante lírica y percusión yorubá y afrocubana, así como rap, mambo, descargas, danzones, boleros, jazz, piezas recitadas con ambientaciones etéreas, y guiños y citas a Los Zafiros, la Orquesta Riverside, Lilly Martìnez, Bebo Valdés, Frank Emilio Flynn, Ray Bryantt y otros.

No en vano en el tema “Soul Guardians” Alexey Rodríguez “El Tipo Ese” rapea:

“Roberto Fonseca y El Tipo, desde hace años qué buen equipo. El con el jazz, yo con el hip hop, hay afinidad, nos queda bonito”.

En este magnífico e interesante disco igual figuran la soprano Bárbara Llanes (una de las mejores de Cuba), el “Buena Vista Social Club” Elíades Ochoa con su guitarra y su manera de cantar tan cubana, guajira y particular; el trompetista Manuel “Guajiro” Mirabal, Trombone Shorty, los vocalistas Rafael Lay y Roberto Espinosa de la Orquesta Aragón y la misma mamá de Roberto Fonseca: Mercedes Cortés Alfaro, cantando el hermoso bolero “Después”.

Fonseca nació en La Habana en 1975, hijo del baterista Roberto Fonseca y de la cantante Mercedes Cortés Alfaro, quien previamente estuvo casada con Chucho Valdés, resultando que el también famoso pianista Jesús “Chuchito” Valdés es su medio hermano, así como el baterista Emilio Valdés.

Igualmente pasó por el Instituto Superior de Arte, en donde él mismo confiesa que fue muy mal estudiante, mas con todo obtuvo un máster en composición y la vida le traería una carrera descollante.

Con 15 años se presentó en el referencial Jazz Plaza Festival de su país en 1991 dejando buena impresión.

Más tarde forma con el saxofonista Javier Zalba el grupo Temperamento y graban “En el Comienzo”, que en 1999 queda como el mejor disco de jazz en Cuba.

Eso le abre las puertas para sus primeros tres discos solistas:  “Tiene Que Ver” (1999), “No Limit” (2000) y “Elengó” (2001).

Ese 2001 comienza a trabajar con la agrupación del también “Buena Vista Social Club” Ibrahim Ferrer para una gira mundial de ¡400 presentaciones! Esto refuerza su relación con Ferrer y posteriormente vuelven a trabajar juntos cuando el legendario cantante decide grabar su preciada colección de boleros, que se edita bajo el nombre de “Mi Sueño: A Bolero Songbook”  en la que Fonseca fue el arreglista y coproductor.

El CD salió a comienzos de 2005, vino otra gira internacional y en agosto muere Ferrer.

Con este antecedente Fonseca es contratado por otro “Buena Vista Social Club”, Omara Portuondo, para un nuevo y ambicioso tour.

En 2007 sale bajo su nombre el recomendable “Zamazú”, grabado entre Cuba y Brasil con el guitarrista español Vicente Amigo, el multiinstrumentista brasileño Carlinhos Brown y sus compatriotas Orlando “Cachaito” López, el “Guajiro” Mirabal, Omara Portuondo, la señora Cortés de Fonseca y, post mortem, Ibrahim Ferrer.

Uno de los números de este disco: “Llegó Cachaíto”, fue utilizado en el soundtrack del film “Hancock”, de Will Smith.

Otro de los trabajos a tomar en cuenta de Fonseca es “Yo”, su CD de 2012 con invitados como la cantante maliense Fatoumata Diawara, con quien después hizo una gira y el directo “Live in Marciac” (2015).

Asimismo RF ha trabajado con la cantante caboverdiana Mayra Andrade, el guitarrista estadounidense Raúl Midón y en el mundo de la moda con la diseñadora francesa Agnès B. Fonseca ha usado sus diseños en sus actuaciones y tocó en su desfile de 2006 en París.

Esto facilitó que su música haya sido empleada en la publicidad de Tiffany, de Elle y en otras campañas de mercadeo.

Como se ve, aunado a sus giras internacionales, Fonseca es otra de las referencias internacionales del jazz cubano e internacional de los últimos años, un extraordinario pianista de sensibilidad, refinada técnica y destreza con el instrumento que también es santero.

Definitivamente Omar Sosa y Roberto Fonseca vienen mostrando una faceta diferente, solvente y muy atractiva de las posibilidades del jazz con lo cubano y lo afrocaribeño.

Lo que se traduce en buenos discos y buena música que ojalá pronto tengamos oportunidad de apreciarla en vivo en nuestro país, donde desde hace rato no llega información actualizada del jazz cubano.

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